Beneficios de la empatía y motivación en el aula

“Hay que ponerse en el lugar del otro”. ¡Cuántas veces habremos escuchado esta frase! Y es que en cualquier aspecto de nuestra vida, la empatía es un hecho que lo tendríamos que tener muy en cuenta. Somos seres sociales y el poder ser empático nos facilitaría el relacionarnos y convivir de una forma más sana.

Empathy word cloud on a white background.

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La inteligencia interpersonal, conocida por todos como empatía, es fundamental en las aulas, ya que favorece el aprendizaje en los niños y la labor del profesor debería ser dotar a los alumnos de las herramientas necesarias para ser empáticos.

Al igual, el maestro puede enseñar a su alumno historia, inglés, matemáticas, etc, el profesorado, a través de su ejemplo y de ciertas pautas en las aulas, tiene los instrumentos necesarios para inculcar, desde la edad más temprana, la empatía en sus alumnos.

El hecho de aprender desde jóvenes a ponerse en el lugar del otro permitirá a esos niños, tal y como coinciden diversos estudios, a convivir con diferentes personas, saber solucionar conflictos y desarrollarse mejor y más sanamente. Primero en las aulas y posteriormente, a lo largo de su vida personal y profesional. Esta inteligencia interpersonal adquirida desde jóvenes será de gran valor para desarrollarse y seguir evolucionando como alumno y, especialmente, como persona.

Empatía en profesores y niños

Pero no solo es importante dotar a los niños de las herramientas necesarias para ser empáticos, sino que el profesor deberá ser la primera persona que ponga en práctica esa inteligencia interpersonal o empatía. Esto permitirá al profesor conocer mejor a sus alumnos, entender sus necesidades y adaptar sus clases en base a ello,logrando así método eficaces de enseñanza y una relación muy fluida profesor-alumno-profesor. Y es que si los educadores no son capaces de adaptarse al grupo, será entonces cuando surjan verdaderos conflictos.

El profesor debe tener claro el objetivo que está formando a personas, además de impartir materias. Saber motivar a sus alumnos debería ser un objetivo, que si se cumple, se puede dar por satisfecho. En este sentido, Amidon y Hunter (1996) definieron la enseñanza “como un proceso de interacción que implica ante todo la conversación en clase entre el profesor y el alumno”.

El maestro, como persona referente e hilo conductor en las clases, será el encargado de genera en el alumno diferentes sentimientos positivos, como superación, motivación, ilusión o negativos como la frustración o apatía. Por ello es fundamental que, tras los primeros contactos con sus alumnos, sepa y se adapte a la clase para así poder motivar a sus alumnos.

Según McClelland describe en El Logro (1965), el tutor debería seguir ciertas pautas para educar y formar a los estudiantes como son:

  • Enseñar a los participantes el concepto de motivación al logro y su importancia de salir airoso si no se logra.
  • Crear expectativas fuertes sobre que el alumno puede y así una mejor orientación hacia el rendimiento.
  • Ha de hacer que el alumno se proponga metas realistas, prácticas y así poder tener un motivo para ese logro.
  • Proporcionar una atmósfera en el aula donde se sienta honestamente aceptado y respetado.

Esta relación que se forma entre el profesor y el alumno es muy importante para conocer qué potencial puede tener, sacar sus virtudes, motivarle y si no logra el objetivo que se marca el alumno, que éste sea capaz de superar sus frustraciones. A lo largo de la vida, el objetivo que nos marcamos no siempre se cumple, pero el hecho de superar esta frustración es lo que nos puede hacer mejorar y evolucionar. Estas pautas las podemos adquirir desde bien jóvenes, sin darnos cuenta y es por ello que resulta esencial que el profesor sepa transmitir y motivar a los estudiantes.

Eliminar la frustración

education-1814187_640Hoy en día se dan muchos casos de niños y niñas que no saben superar sus frustraciones y se desmotivan enseguida. Este hecho puede generar verdaderos problemas a lo largo de todo el proceso educativo (conflictos con sus compañeros, bajo rendimiento escolar, sentimiento continuo de frustración, inseguridades y miedos, apatía…).

Para no llegar a estas situaciones sería fundamental saber motivarles, impulsar y desarrollar sus puntos fuertes y hacerles ver que a veces no se logra lo que se espera, pero el hecho de superar esa pequeña frustración le puede hacer ser mejor y más fuerte en el futuro.

A este respecto, la pregunta que se hacen muchos educadores es la siguiente: ¿Cómo puedo hacer que se motiven mis alumnos? Según David Pink, escritor estadounidense, en su libro La sorprendente verdad que nos motiva,  hay tres claves que funcionan para conseguir la motivación y el camino hacia un mejor rendimiento que son:

  • Dar autonomia: el profesor debe otorgar mayor libertad a sus alumnos, de manera que estos sean capaces de buscar su propio camino formativo personal y profesional. De esta forma aprenden de sus errores y desarrollan su creatividad.
  • Conseguir maestría: hace referencia al concepto de mejorar nuestras habilidades, progresar y ser cada vez más capaces.
  • Entender el propósito: los alumnos trabajan mejor cuando comprenden cual es el propósito detrás de su proyecto de aula. Intentar hacerles relacionar cosas cotidianas con el aprendizaje que están realizando.

Algunas pautas para motivar al alumnado son estas, pero lo fundamental y en primer lugar es que el profesor conozca a quién tiene delante, sea el primero que esté motivado y saque el potencial que cada uno de sus alumnos lleva dentro. Una labor ardua, complicada pero que si se cumple es muy satisfactoria para ambos.

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