Cómo desarrollar la capacidad de resiliencia en los niños

Todos queremos que nuestros hijos sean personas felices para vivir su vida con alegría y positividad. Una de las cualidades que lleva implícita la felicidad humana es la capacidad de resiliencia de cada persona. Quizá te estés preguntando ahora mismo, ¿qué es resilencia? Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es: “la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

Esta capacidad no es algo que se enseñe en los colegios, ya que se centran, fundamentalmente, en transmitir conocimientos mecánicos y la resiliencia no es algo que se pueda aprender de un día para otro, sino que es, desde la familia y con apoyo de las instituciones educativas, donde tenemos que definir y poner en marcha pequeñas acciones para que nuestros hijos vayan incorporando esta aptitud en su vida progresivamente.

La resiliencia se aprende en familia y en el colegio

¿Cómo desarrollan los niños esa capacidad? La Academia Americana de Pediatría nos da unas claves para que podamos ir desarrollándola poco a poco, no sólo desde la familia, si no también desde el colegio.

Educar al niño para que sea más competente en su vida diaria no quiere decir que le enseñemos a competir mejor en actividades deportivas y que se fije la meta de vencer a sus compañeros. Un niño competente es aquel que es consciente de la situación que está viviendo y sabe cómo actuar teniéndola bajo control. Para fomentar la competitividad, es necesario identificar sus puntos fuertes y desarrollarlos para conseguir también un aumento de su autoestima. Por ejemplo, si es bueno en lengua castellana, leer con él libros antes de dormir le ayudará a reforzar ese ámbito y a estar más seguro en clase y en las nuevas materias que vaya conociendo.

A su vez, otra de las facetas más importantes de la vida es la comunicación: saber cómo expresar los sentimientos y dialogar con otras personas es una de las principales aptitudes que debemos desarrollar para superar momentos difíciles y dolorosos. Algo que desde las aulas se puede procurar enseñar a los niños es a cuestionarse todo lo de su alrededor; así serán más reflexivos y adquirirán la capacidad de verbalizar sus pensamientos y sentimientos.

Desarrollar esa conexión con la gente que le rodea es muy fácil y no hace falta inscribir a nuestros hijos a campamentos de verano para socializar, basta con establecer un momento del día en familia para que él pueda comunicarse tranquilamente con nosotros. En el centro escolar también pueden desarrollar esa comunicación con sus compañeros: los trabajos en grupo continuados facilitan el intercambio de opiniones y sentimientos con los compañeros de aula. A su vez, si han cometido errores, trataremos de hacerle ver y tomar consciencia de qué ha pasado y cómo no volver a repetirlo mediante el diálogo.

Algo muy ligado a estos dos puntos es la confianza, ya que el niño tiene que desarrollarla en sí mismo y con el entorno que le rodea. Es posible reforzar los momentos en que el niño ha hecho las cosas bien como una buena nota o una tarea doméstica sencilla, premiándole con su postre favorito o una pegatina con una cara feliz en su examen, es un pequeño gesto que ayuda a incrementar su sensación de seguridad en sí mismo, la próxima vez que tenga que esforzarse por conseguir algo.

Para desarrollar el carácter y la seguridad también es necesario poner unas normas de comportamiento y respeto en casa y en los espacios que los niños compartan con otros niños. El respeto a los demás y unas normas claras a la hora de comportarse evitan frustraciones futuras. Idear un cartel en casa para que el niño tenga claras unas normas de convivencia y las cumpla es la forma ideal de ir adaptándose a la convivencia social.

Cómo afrontar el estrés: clave para la resiliencia

Si crees que los niños no padecen de estrés, estás muy equivocado. Nuestra rutina del día a día también repercute en ellos, ya que pasan menos tiempo con sus padres en casa. Para paliar esa carencia, se les apunta a todo tipo de actividades extraescolares como la natación, guitarra y clases particulares.

Saber cómo gestionar esos momentos de estrés en el que llegan a cumplir todas las actividades diarias sin un momento de descanso es muy beneficioso para los niños. Aprender a relajarse se puede hacer mediante una actividad de la que disfruten: construir un robot o pintar con los dedos ayuda a quitar la tensión del día a día y así pueden enfrentar con otro ánimo los problemas que vayan surgiendo en su vida.

Ese ánimo sin duda, les ayudará a tomar consciencia y control de sus propias acciones y a responsabilizarse de sus actos, aceptando las consecuencias. La ayuda de educadores y padres es clave para aprender este tipo de cosas. Por ejemplo, si se ha suspendido un examen, no hay que quitar gravedad a ese hecho pero sí se le puede ofrecer apoyo para superarlo: planteándole la necesidad de un refuerzo de esa asignatura en casa o con profesores particulares.

Los niños que son consecuentes con sus acciones y aceptan que esas consecuencias (buenas y malas) son resultado de nuestros sus actos, se recuperan anímicamente antes y desarrollan mucho más rápidamente la resiliencia.

Si quieres contribuir a que tus alumnos desarrollen la capacidad de resiliencia desde pequeños, nosotros te proponemos varias opciones para que puedan fortalecer estos valores, como la posibilidad de trabajar en equipo o resolver problemas para reforzar su autoestima y la comunicación.

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