El uso de las tecnologías en el aula

La progresión, hasta ahora exponencial, de las tecnologías en el aula y las implicaciones que tienen en todos los ámbitos de la vida, ha originado una preocupación en los gobiernos por formar a los futuros ciudadanos en este campo. Esta preocupación se traduce en ingentes inversiones de dinero para la adquisición de equipamiento tecnológico.

Esta inversión se asociaba a una mejora en la calidad educativa y, por ende, del rendimiento académico. Sin embargo, tras el estudio Estudiantes, Ordenadores y Aprendizaje realizado por la OCDE, este organismo llega a la conclusión que: «No parece que la extraordinaria inversión  en equipamiento informático llevada a cabo en los centros educativos entre 2009 y 2012 haya revertido en un mejor rendimiento académico». Habrá voces críticas frente a estos rankings, pero no nos enfoquemos en cuestionar su elaboración ni valorar la posición que ocupamos en el mismo, sino más bien fijémonos en los grandes rasgos.

Si observamos el ranking de la OCDE, en los primeros puestos aparecen países con una gran inversión en tecnología como es el caso de Singapur, Países Bajos o Estonia y otros donde tienen un uso comparativamente bajo como es Finlandia, Corea del Sur y Japón.

Según estos datos, es evidente que no importa tanto la tecnología que se incorpora como el uso de la misma. Independientemente de la inversión que realiza España, esta información  nos hace cuestionarnos lo siguiente: ¿para qué empleamos la tecnología en nuestros centros educativos? ¿está el profesado preparado para obtener los máximos resultados de dicha tecnología?

La tendencia en los centros escolares debe ser  la elaboración de proyectos interdisciplinares para conseguir el desarrollo de las competencias del alumnado, basado en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gadner. De este modo, la tecnología debería dirigirse, precisamente, a este fin.

Este es nuestro convencimiento en Habilitas Educación, donde elaboramos las actividades considerando la tecnología como un elemento vehicular. Cuando, por ejemplo,  se realizan los talleres de robótica no se pretende impartir una clase magistral para que el alumnado adquiera solamente nuevos conocimientos tecnológicos como es la programación, sino que se busca el desarrollo de habilidades y competencias como es la creatividad, el trabajo en equipo o incluso la comunicación.

Las nuevas generaciones requieren de entornos educativos diferentes que se asimilen al presente y sobre todo al futuro, pero no consiste en facilitarles más tecnología sino en conseguir que sean pensadores críticos.

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